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Explora tUmUndO en el Jardín de los patos.

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El pasado sábado 26 de abril tuvimos la suerte de explorar, descubrir, jugar y transformar el Jardín de los Patos ( que oficialmente es conocido como Jardines de la Agricultura).

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Las ideas en las que se basa este Taller de arquitectura en familia de La casa de Tomasa, son tres: explorar, compartir y transformar. Queríamos transmitir principalmente que no tenemos por qué conformarnos con lo que nos rodea y que podemos cambiarlo. La forma que nosotros proponemos para hacerlo es la misma en la que se desarrolla el taller. Primero hay que conocer la realidad y para ello hay que estudiarla y analizarla. Segundo, hay que compartir esa información y escuchar y ver las cosas como las ven otras personas. Y por último, utilizando nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo proponer una alternativa si lo que vimos no nos gustó o si creemos que podemos mejorarlo.

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Explicamos a las familias que íbamos a salir a explorar un territorio desconocido aunque hubieran pasado por el muchas veces.

Nos empeñamos en decir que queremos que, con nuestro trabajo, las personas vean el mundo “desde otro punto de vista”. Así que, nos dividimos en pequeños grupos de trabajo y, mientras nos presentábamos, nos convertimos en: topógrafos, geólogos, biólogos y zoólogos.

Pensamos que la relación con el entorno comienza en la relación con las personas con las que vamos a compartir la mañana y damos mucha importancia al conocimiento entre las personas que vienen a los talleres.

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Los topógrafos se ocuparon de situar todos los elementos y estructuras que componen el jardín en un plano.

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Los geólogos se encargaron de registrar los diferentes tipos de texturas y materiales del suelo del jardín.

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Los biólogos recogieron muestras de todas las especies vegetales que se encuentran en el sitio.

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Los zoólogos buscaron todo tipo de animales que viven en ese lugar.

Equipados con un plano de situación y las herramientas que su oficio requería, los exploradores salieron al jardín acompañados de sus padres y madres a descubrir.

Es muy emocionante verlos trabajar. Desde el primer momento y con muy pocas explicaciones comprenden su misión y la realizan concienzudamente sin distraerse. Este es un jardín que visitan con frecuencia los niños y niñas que vinieron al taller. Vienen a jugar en los columpios, a dar de comer a los patos y palomas o de paseo. Pero este día no estaban aquí para nada de eso y por eso no se entretuvieron en montarse en los columpios, ni en dar de comer a ningún pato ni, por supuesto, a pasearse. Tenían claro que estaban buscando y registrando información y viendo el jardín “desde otro punto de vista”. Siempre es una gozada verlos disfrutar así.

También es emocionante ver a los padres y madres colaborar en el trabajo de sus hijos e hijas y estar pendientes de que todos estén bien. Nos encantan los padres y madres que vienen a nuestros talleres y todo lo que aprendemos de ellos.

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La primera fase de conocimiento del lugar ya estaba completada.

Con la información y las muestras volvimos a coSfera (el lugar dónde realizamos los talleres en familia) y lo compartimos en un plano más grande dispuesto en el suelo.

Cada uno de los grupos situó en plano la información y las muestra recogidas y se hizo una puesta en común.

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La segunda fase, compartir información y escucha a otras personas, también estaba superada.

Por último, individualmente, cada uno trabajo con un plano de situación y diferentes materiales para imaginar los cambios que querían proponer y ver cómo quedarían en el lugar.

Este momento también es muy interesante. Ver las soluciones que cada pequeño da, ver como resuelven lo se imaginan y observar el uso que cada cual da a los materiales que les proponemos es un disfrute. También permite a los padres y madres relacionarse con ellos de otra manera a la que lo hacen a diario. Nos gusta mucho ese momento en el que las familias comparten un rato de creatividad y de hacer algo juntos (pintando, recortando, doblando, pegando…).

Finalmente, cada uno compartió con los demás sus propuestas y cómo las había diseñado.

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Este taller de explora tUmUndO es la segunda vez que hacemos para las familias y en las dos ocasiones ha resultado emocionante. Las familias disfrutan, aprenden a mirar las cosas de otra manera y, esperamos, comprenden que podemos transformar nuestro entorno.

No tenemos por qué pasear, jugar o vivir en sitios que no nos gustan. No tenemos por qué aguantarnos. Podemos transformar esos lugares. Podemos experimentar y estudiar bien el lugar, podemos compartir información y podemos trabajar para transformar lo que no nos gusta. Si no hacemos nada de eso, solo podremos quejarnos.

 

Taller de Arquitectura en Familia. Música y Japón.

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Hemos disfrutado mucho en la preparación y realización de este taller.

En esta ocasión nos hemos dado más tiempo para idear y promocionar la actividad. Nos encanta la fase de creación de talleres. Nos gusta buscar, admirar y descubrir todo lo que puede enriquecer lo que vamos a hacer. Miramos, leemos, escuchamos y hablamos mucho. Este intercambio de propuestas, de ideas, de ilusiones, de lecturas, de posts o de tonterías entre los miembros de La casa de Tomasa, nos parece una de las partes más divertidas de nuestro trabajo. Para nosotros también es muy importante el desarrollo del curso de pequeños arquitectos para diseñar el taller en familia. Pues eso, que como esta vez hemos estado más tiempo, pues mejor lo hemos pasado.

En el tiempo que hemos dedicado a promocionar nuestro trabajo, también hemos gozado re visitando amigos, encontrándonos con otros y descubriendo personas que valoran el proyecto.

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Felices por ver a las personas apuntadas al taller, comenzamos la presentación. Las dos reglas básicas para pasar la mañana son: disfrutar y no molestar. Son dos reglas sencillas, fáciles de entender y muy prácticas.

Como en este taller pretendíamos combinar la música con los arquitectos japoneses, empezamos a caracterizarnos de auténticos nipones. Para ello, nos pusimos un “hachimaki” (“hachi”:frente y “maki”:cinta) en la cabeza para infundirnos valor y fuerza. Esta cinta representa perseverancia y voluntad de éxito.

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Iniciamos el taller con la música. La relación con el entorno empieza con las personas con las que vamos a compartir la mañana. Así que, cada uno eligió el rotulador del color que más le gustó y se lo entregó a otra persona a la que se presentaba.

Con estos rotuladores íbamos a interpretar gráficamente una canción que sonaría a continuación.

Tres paredes de una habitación, amplia y bien iluminada, estaban cubiertas de papel continuo blanco. Los adultos comenzaron por un extremo del papel y los niños y las niñas por el otro. La propuesta era ir trazando una linea en el papel con la forma que la música sugiriese en cada momento. Las reglas también eran sencillas: Nadie se podía detener en un punto y tampoco se podía despegar la punta del rotulador del papel.

La canción era Itsumo Nando Demo, de Joe Hisaishi, de la banda sonora de la película “El viaje de Chihiro”, que en algún momento dice: “dibujemos los sueños siempre, muchas veces”.

Se produjo uno de esos momentos especiales. Todos estaban en silencio, sintiendo la música que entraba por sus oídos y se prolongaba en el papel a través de los rotuladores que movían sus manos.

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Luego, nos sentamos en medio de la habitación e intentamos seguir nuestra linea o la de los demás mientras se repetía la canción.

Para seguir disfrutando, apagamos la luz y nos pusimos cómodos. Era el momento de escuchar lo que la música nos decía.

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Papageno, el personaje de la Flauta mágica de Mozart, nos traslado su alegría con el tartamudeo. A continuación Bach, con varias de sus obras, nos permitió distinguir entre varios instrumentos y los sonidos que produce cada uno. Con el piano, además, apreciamos la diferencia entre andante, allegro y presto. Haydn nos sorprendió con su órgano y seguimos la aventura con Vivaldi. Este compositor nos enseñó que la música puede tener color, olor, sabor, peso o temperatura. Con Purcell se nos hizo de noche y recorrimos las cuatro estaciones hasta acabar tiritando de frio en el invierno. Con Saint Saens escuchamos a un cuco, a muchos pájaros, a gallos y gallinas, tortugas caminando, un león bostezando y nos sumergimos en un acuario.

Llegó otro instante precioso cuando los niños y niñas con los ojos muy abiertos escucharon la historia de la princesa Turandot y de su pretendiente Calaf. Creemos que disfrutaron escuchando a Pavarotti interpretando el aria en la que Calaf canta convencido que al alba… vencerá.

Emocionados, empezamos la presentación de 4 equipos de arquitectos japoneses que han sido galardonados con el premio Pritzker: Tadao Ando, Sanaa, Toyo Ito y Shigeru Ban. Les contamos qué caracteriza su arquitectura y vimos fotografías de las obras que mejor los representan. Nos sigue impresionando la atención con la que las familias siguen las explicaciones sobre arquitectos y sus obras.

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Para seguir con Japón, cada uno hizo una rana con “origami” o el arte del doblado de papel. A estas ranas había que buscarles un lugar para vivir.

El mejor sitio que se nos ocurrió fue un jardín japonés. Cada uno diseñó y construyó el suyo con los elementos que no pueden faltar: el agua, la isla, el puente, la casa del te o la linterna y la vegetación.

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Como siempre, nos alegra comprobar la capacidad de imaginar y de utilizar los materiales que les proporcionamos para diseñar y hacer con sus manos.

Preciosos sus trabajos y preciosa la mañana. Otro gustazo más con La casa de Tomasa gracias a los niños, las niñas y los mayores que asistieron al taller. Gracias a todos.

Nos vemos el mes que viene.

 

Taller de Arquitectura en Familia. Siza y teatro.

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En el I Curso de Pequeños arquitectos de La casa de Tomasa, andamos liados este mes con Álvaro Siza y su obra y con el teatro, con la idea de trasladar a los alumnos el concepto y la vivencia del espacio. Por esta razón, Siza, la expresión y la escenografía y el teatro fueron los pilares del Taller de Arquitectura en Familia del pasado sábado, 8 de febrero, en coSfera-centro, el espacio de coworking que acoge nuestros talleres en familia.

Mientras caminábamos camino al local pensábamos que había que ser muy fan para quitarse el pijama, salir de la casa calentita e ir bajo la lluvia, hacia un taller de arquitectura. Competir con una taza de Cola-cao caliente con galletas, en una mañana de sábado lluviosa no es fácil. Muchas gracias a todos por venir. Creemos que mereció la pena.

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Para empezar a relacionarnos con el entorno más próximo, o sea, el resto de personas que nos acompañan, formamos dos círculos concéntricos y nos enfrentamos “cara a cara”. Les propusimos que se miraran a la cara con calma, con tiempo, con paciencia y con curiosidad. Les explicamos que, por varios motivos, no solemos detenernos a observar detenidamente la cara de los que nos rodean. Es una buena forma de conocernos y de prestar atención al otro.

Una vez relajados y en situación…¡comienza el teatro!. Mediante expresiones faciales mostrábamos a nuestra pareja distintas emociones y así, fuimos pasando de la alegría a la tristeza, de la sorpresa al enfado, al dolor, la vergüenza, la concentración y la nada (como Greta Garbo en “La reina de Suecia”). Greta no vino al taller pero todos lo hicieron de maravilla.

Nos gusta este momento. Nos sirve para relajarnos a todos, para conocer a las personas con las que vamos a pasar la mañana y para insinuar lo que será el resto del taller. Como, normalmente, nos reímos y jugamos, es un rato muy agradable.

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La segunda parte de este taller es un juego en familia para conocer a Álvaro Siza. Los asistentes se dividen en varios grupos que identificamos con cintas de colores y comienza el concurso de preguntas y respuestas.

Mientras proyectamos imágenes de la obra de Siza hacemos preguntas con las que recorrer las principales obras del arquitecto portugués.

Cuando 20 personas gritan el nombre de Álvaro Siza respondiendo a la última pregunta, es más fácil hacerlo inolvidable para todos los niños y niñas que asistieron. Antes habían visto el pabellón de Portugal de la Expo´98 de Lisboa, las piscinas de Leça de Palmeira, los dibujos del banco Pinto y Sotto Maior, la escuela de arquitectura de Oporto, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela, las viviendas de Berlín, el pabellón Carlos Ramos de Oporto y el restaurante Boa Nova de Leça de Palmeira.

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Pasamos un rato realmente divertido hablando de arquitectura, hablando de Siza y lo que es mejor… respondiendo a las preguntas que los niños y niñas no paraban de hacer sobre las imágenes que estaban viendo. Siguiendo la linea pedagógica de Giner de los Ríos, la mejor manera de enseñar a un niño es fomentar su curiosidad.

 La última parte del taller estaba inspirada en la película “Dogville” de Lars von Trier. Nos encontramos con un plano donde estaban dibujadas una parcelas y una calles trazadas, similar a la escenografía de la película.

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Les propusimos a cada una de las familias, diseñar y construir un escenario que encajara en una de las parcelas dibujadas, la que ellos eligiesen. También debía pensar una historia para que se desarrollara en esa instalación. Cuando una persona terminaba de contar la historia que se desarrollaba en su escenario, la siguiente debía unirla con la suya y continuar la narración. Fue una maravilla.

La creatividad de las personas siempre nos sorprende y ver como se desarrolla es un espectáculo incomparable.

 Les presentamos todos los materiales con los que trabajar y por grupitos empezaron a diseñar, a montar y a inventarse historias. Todos los escenarios eran completamente diferentes y todas las historias, originales y divertidas, formaron un cuento lleno de sentido.

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Los personajes eran tres figuras de Playmobil y los escenarios: una protectora de animales y un bosque, un circo, una playa con chiringuito y barco pirata y una cueva con una avestruz.

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Es emocionante ver a los niños y niñas mirar las caras de sus padres y madres y ver como se expresan y se ríen. Igual de emocionante que ver como preguntan qué quieren decir los trazos de los dibujos de Siza o como se sorprenden con fachadas que son capaces de expresarse. El colmo es rematar la mañana, creando entre todos una historia, en un escenario compuesto de la unión de las propuestas de todos, disfrutando de la imaginación, la creatividad y del trabajo compartido y hecho con alegría.

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Es un lujo poder disfrutar de mañanas así y de personas como las que asisten a estos talleres. Gracias. El mes que viene…más.

Le Corbusier y el Movimiento Moderno

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Gran mañana de sábado la que pasamos en La casa de Tomasa el pasado 18 de enero. Era la primera vez que estábamos en el nuevo local de coSfera en el centro.

Nos encantan los talleres de arquitectura en familia. Nos gusta ver a padres o madres compartiendo un rato de ocio de calidad con sus hijos e hijas. Aprenden juntos, juegan, crean, se ríen y hacen cosas juntos sin que nadie les distraiga a unos de otros.

La propuesta del taller consistía en descubrir a los asistentes como cambió la arquitectura con el movimiento moderno, utilizando para ello a una de sus figuras principales, el arquitecto Le Corbusier, y tres de sus obras más características: la capilla de Ronchamp, la Unidad de Habitación de Marsella y Villa Savoya en Poissy.

Invitamos a todos a jugar con la luz, la fotografía y con Le Corbusier. Luz, fotografía y Le Corbusier son, precisamente, los temas del mes de enero en el curso para pequeños arquitectos.

Si entendemos la arquitectura como la creación de espacios, con la luz, podemos modificar y cambiar el uso de esos espacios. Así que, después de convencernos de que es posible cambiar nuestro entorno utilizando la luz nos pusimos a ello. Utilizando papel de distinto colores y aprovechando las entradas de luz del local cambiamos un poco el entorno.

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La siguiente visita fue a la Unidad Habitación. Carmen les explicó el edificio, el por qué de cada parte y el cambio que suponía en la forma de proyectar. La manera que se nos ocurrió para que experimentaran el edificio y a la vez la ciudad, fue enviarlos a explorar los alrededores del local haciendo fotografías ,con los teléfonos, de jardines, locales, parques, ventanas, balcones, fachadas, juegos de niños, columpios, zonas verdes… Estas fotos nos las enviaron y las imprimimos. Cuando regresaron de observar la ciudad, pudimos, con sus propias fotos, con su visión de la ciudad, hacer un collage sobre la proyección en la pared de la Unidad Habitación.

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Carlos Arruti, de Maushaus, dice que lo que ellos pretenden con su trabajo es dejar un “poso arquitectónico” en los niños y niñas. Pues en eso pensábamos cuando los chicos y chicas del taller de esa mañana, comprendían lo que quería Le Corbusier, sus conceptos y la utilidad que representaban para todos. Cuando los ves creando un edificio, con fotos que ellos mismos han tomado, y sabiendo lo que hacen, es maravilloso pensar que dentro de muchos años, lo que han hecho esta mañana les servirá para entender el mundo que les rodea.

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Para terminar de ser auténticos arquitectos y arquitectas del Movimiento Moderno teníamos que construir algo. Las reglas eran los cinco puntos de Le Corbusier, que les explicamos enseñándoles Villa Savoya.

Lo que tuvieron que construir fue una maqueta diseñada por La casa de Tomasa para entender estos cinco puntos.

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Construcción sobre pilares.

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Planta libre

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Fachada libre

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Ventana horizontal

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Terraza jardín

Una mañana genial. Los niños y las niñas hacen que disfrutemos de nuestro trabajo y hablar con los adultos que vienen a estos talleres siempre es ilusionante y motivador. Gracias a todos, nos vemos en el próximo.

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