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LA CASA DE TOMASA EN EL SUPLEMENTO DE EDUCACIÓN DE DIARIO CÓRDOBA

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Estamos muy contentos por ver publicada la entrevista que nos hizo Olga Pérez Barbero para el Diario Córdoba. Encantados de poder compartir nuestras ideas y honrados por aparecer en la sección de EDUCACIÓN del periódico.

También estamos felices por que desde que salió la entrevista no hemos parado de recibir muestras de AMOR por nuestro trabajo y por nosotros de parte de personas a las que queremos y admiramos. Muchas gracias a los miles y miles de fans.

http://www.diariocordoba.com/noticias/educacion/carmen-cerezo-emilio-velilla-nuestro-objetivo-es-hacer-peques-criticos-entorno_933893.html

Crea la ciudad en Schoolture

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El proyecto Schoolture es un proyecto del colegio Virgen del Carmen de Córdoba dirigido a introducir la cultura y el arte dentro del ámbito escolar. (http://schoolture.blogspot.com.es/).

Cada mes está dedicado a una de las siguientes disciplinas: Arquitectura, Cine, Danza, Literatura, Música, Pintura y Teatro. El proyecto acerca a los niños y niñas del colegio a estas artes, mediante actividades realizadas a lo largo del curso. El curso pasado se hicieron 45 actividades dentro del proyecto y este año se han reducido significativamente. Desconocemos las causas pero pensamos, basándonos en nuestra corta experiencia, que para que un proyecto educativo se lleve a cabo con éxito en un centro escolar debe contar con el entusiasmo y compromiso de los profesores y profesoras del mismo y que las actividades deben de estar llenas de contenido educativo y enfocadas a conseguir objetivos pedagógicos claros.

Nos parece un proyecto extraordinario, innovador y necesario.

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Juan Robert,profesor del centro y promotor de este proyecto, nos invitó este año a participar en la construcción de una maqueta de una ciudad, junto al arquitecto Antonio Lara de aLm arquitectura.

El año pasado esta actividad la realizaron Antonio Lara, Rafael Pérez de LAP arquitectos, Francisco Carmona de Tercera Piel Arquitectura, y Javier Burón y Magda Sánchez de Colaborativa.

Por la admiración y el aprecio que sentimos por estos arquitectos, por el resultado que consiguieron y por la importancia del proyecto Schoolture nos hizo mucha ilusión que contaran con nosotros para este curso.

En La casa de Tomasa, normalmente, nos interesa mucho más el proceso reflexivo y creativo de cada actividad, que el resultado final. Queremos decir con esto que para nosotros es más importante el conocimiento que se transmite, la manera lúdica de hacerlo y la libertad de los niños y niñas para construir lo que imaginan, que el producto final. Por supuesto que nos gusta que el resultado de esa creatividad y ese esfuerzo este bien hecho y colme las expectativas y la ilusión de la persona que lo hace pero este no es su fin. La razón de lo construido, dibujado, diseñado, fotografiado… es ser instrumento para que los destinatarios del taller experimenten y sientan los conceptos artísticos o arquitectónicos que les queremos transmitir.

 Vamos a pasar la mañana con tres clases de niños y niñas de primero de primaria que irán pasado en tres horas distintas a lo largo de la mañana por el salón de actos del colegio.

 Para presentarnos, recibimos a los niños y niñas (unos 25) contándoles un cuento sobre como nació La Casa de Tomasa. En esta historia intentamos transmitir la idea de que podemos cambiar nuestra vida y podemos encontrar el camino de la felicidad si unimos vocación y talento.

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Les damos la bienvenida y, delante de un gran papel continuo dispuesto en el suelo, donde hemos delimitado una plaza y trazado dos líneas, empezamos a preguntar qué es una ciudad, qué la compone, para qué sirve… Ellos ya han tratado el tema de la ciudad en clase. Comprobamos que el edificio que más repiten es el hospital y la figura del alcalde.

 Las últimas preguntas son quién vive en la ciudad y quién la hace, para mostrarles la importancia de cada uno de ellos dentro de la vida de la ciudad, su papel protagonista en el desarrollo del sitio donde viven. Primero asumen que “yo” vivo en mi ciudad y “yo” hago mi ciudad. También les hacemos ver que en la ciudad vivimos “nosotros”, que formamos una comunidad. La ciudad la hacemos y la vivimos entre todos.

Las pautas para elaborar la ciudad serán: haremos nuestro edificio, lo colocamos todos y nos paramos un poco a pensar que elementos comunes necesita la ciudad para que todos vivamos bien. Hacemos estos elementos y los situamos. Al final de la mañana vendremos todos a ver el resultado de la intervención de las tres clases sobre la ciudad.

Con esas idea les proponemos que diseñen y construyan el edificio que cada uno quiera. Utilizan cajas de cartón de sus regalos de Reyes. La idea la propone el proyecto Schoolture y nos parece muy acertada. Está en línea de nuestra idea de re_pensar, re_ciclar y re_jugar, dándole otra dignidad a las cosas. En vez de convertir estas cajas de regalo en basura, se transformarán en edificios con los que construir una ciudad. Esta parte de la actividad es un disfrute. En grupos de cinco, los niños y niñas crean sus edificios con su imaginación y con los materiales que ellos escogen entre todos los que les presentamos. Para nosotros es un gran momento observar como disfrutan concentrados inventando y trabajando, creando con sus manos lo que han diseñado en su cabeza.

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Hemos hecho dos hospitales y una clínica veterinaria que junto a una ambulancia constituyen nuestra ciudad sanitaria. También hay dos ayuntamientos, un pabellón polideportivo, un campo de fútbol, un colegio, un hotel, una iglesia, casas y edificios superaltos de viviendas. En esta primera intervención no se olvidan de los puentes para cruzar el río, de los árboles y arbustos para las plazas, ni de poner jardines delante de algunas de las viviendas. Ah! Y un elefante y una persona accidentada.

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Cuando hayamos colocado el edificio que ha hecho cada uno, analizaremos la ciudad y pensaremos lo que necesita para que todos podamos vivir en ella… también lo haremos con nuestras manos y lo colocaremos en el lugar de la maqueta que sea necesario. La mayoría da importancia a trazar las calles y a colocar pasos de peatones y semáforos, así como a iluminar la ciudad con farolas. También se terminan de hacer varias plazas con jardines.

Esta actividad se repite tres veces, una con cada una de las clases, y entre todos se forma la ciudad.

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Al final, todos juntos, repasamos nuestra maqueta, donde no faltaban los espacios públicos, las infraestructuras, los edificios públicos ni privados.

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Creemos que un buen trabajo del que pueden sentirse satisfechos y les felicitamos por ello.

Un paseo para TRAZEO

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El sábado, 4 de Enero, pasamos una mañana espectacular.

Los días anteriores habían estados pasados por agua y todas las predicciones daban un 100% de precipitaciones para esa mañana. Como teníamos previsto caminar por el centro de Córdoba con un montón de niños, pues resulta que abrió. No llovió y la temperatura fue más cálida de lo esperado.

Coincidimos con Paz Posse, directora de educación del Parque de las Ciencias de Granada, que la arquitectura no se puede disfrutar haciendo una gymkana. Hay que hacerlo con pausa, registrando toda la información y toda la emoción posible a través de nuestros sentidos, sin prisas. Así nos tomamos esa mañana en La casa de Tomasa.

Sin prisas, tomamos unos cafés con Fernando Hidalgo que con su modo de hablar sosegado y paciente también ayudó a poner un ritmo adecuado a la mañana. Montamos nuestro tenderete en una de las mesas de la cafetería y como “arquitectos callejeros” empezamos la actividad. Los padres y las madres sabían en todo momento por donde andábamos. Les estuvimos enviando a sus teléfonos móviles distintos sonidos y frases que identificaban por dónde íbamos pasando.

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 Empezamos el camino en la plaza de las Tendillas, donde escuchamos el sonido del agua y el del batir de las alas de las palomas. Empezamos a descubrir como suenan las suelas de nuestros zapatos y botas en contacto con el suelo al andar, saltar o arrastrarlas.

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Caminando por la calle Jesús María, seguimos escuchando el murmullo de la gente y a nuestros paraguas arañando las baldosas. En esta calle está el teatro Góngora, donde antes estaba la iglesia del antiguo Convento de Jesús y María y que el arquitecto Gutiérrez Soto hizo allí el cine Góngora “cine moderno” y que actualmente, después de su última restauración se convertía en teatro después de muchos años de abandono.

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Un poco más abajo nos encontramos con el Conservatorio Superior de Música y con su puerta “galleta”. Aunque nuestros paseantes le encontraron más similitud con un gofre al que enterrar en chocolate, caramelo y nata.

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 Al doblar por Alta de Santa Ana, las paredes se acercan y la calle se estrecha, de manera que nuestros pasos suenan de una forma diferente. Ya no se escucha la gente y solo al final de la calle podemos advertir el sonido del viento entre las ramas y las hojas de los árboles. Como vamos con niños y niñas, recorremos toda la calle saltando, zapateando y escuchando el efecto del sonido al rebotar contra las paredes.

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 Al bajar por la cuesta de Pero Mato, solo se escuchan nuestros pasos bajando por los peldaños de la escalera de “chino cordobés” que nos lleva a la plaza de Jerónimo Páez, donde se encuentra el Museo Arqueológico.

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En esta plaza, llamamos a la puerta del Palacio del Duque de Medina Sidonia… pero no nos abrieron. Así que, nos detuvimos a escuchar otra vez el agua de la fuente, el viento jugando con las copas de los árboles y las motos, perros y pájaros que también sonaban.

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Esta plaza formaba parte de un teatro romano, concretamente donde se desarrollaba la escena, mientras el público se encontraba en la gradas situadas donde actualmente están las escaleras por las que acabábamos de bajar. Con imaginación alguno pudo escuchar romanos mientras nos dimos cuenta que la puerta del Museo Arqueológico tiene forma de arco triunfal.

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Seguimos jugando y recopilando sonidos que los niños y niñas habían escuchado hasta que llegamos a la calle San Fernando, para cruzarla. Esta es la primera calle del recorrido por donde pasan coches y se nota. El sonido de coches, motos y autobuses no es muy intenso en este tramo pero contrasta con el silencioso ambiente de las callejas que hemos dejado atrás.

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Llegamos a la Plaza del Potro, llamada así por ser, antiguamente lugar de un mercado caballar. Con los niños y niñas analizamos la plaza. Vemos sus dimensiones, su forma, su antigua función, su historia, su relación con el río y con los oficios que se desarrollaban allí, los edificios que estaban y los que no estaban y ahora están y reducen a la mitad las dimensiones de la antigua plaza.

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 En esta plaza se encuentran el Museo de Bellas Artes y la Posada del Potro (actual Centro Flamenco Fosforito), donde entramos para seguir buscando sonidos. Allí descubrimos el canto de unos pájaros muy educados, que cuando hablábamos callaban y cuando callábamos cantaban o quizás nos respondían buscando conversación. El sonido del taconeo de nuestros paseantes en el tablao dispuesto en el patio de la posada, indica cuanto tenemos aún que aprender de los flamencos que bailan. Fue atronador pero poco acompasado.

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Callejeando llegamos a la Plaza de las Cañas, llamada así por las justas de caballeros que allí se celebraban utilizando como armas las cañas del río Guadalquivir. Por esta plaza accedemos al Mercado de la Corredera y allí, mientras preguntamos a los pescaderos y pescaderas el precio de boquerones, gambas y mejillones (que caros están los boquerones), se oía el rumor de las conversaciones, el trajín de platos y tazas de un bar y hasta el chocar de las conchas de las almejas cuando las coge el pescadero. Fue realmente divertido ver a los chicos y chicas desenvolverse en el mercado y la simpatía de los comerciantes mostrando sus productos.

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Por la puerta principal salimos a la Plaza de la Corredera, única plaza de tipo castellano que hay en Andalucía y que también hizo funciones de plaza de toros en otros tiempos. En esta plaza se escuchan niños jugando y corriendo, pasos y charlas y risas de la gente sentada en los veladores que inundan uno de los laterales de la plaza. Nuestra risa y nuestra carrera también se escuchó esa mañana en la Corredera.

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Volviendo a las Tendillas, por la acera y con cuidado de los vehículos, visitamos el Templo romano.

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Más gente, más vehículos… menos viento, menos pájaros, menos atención al sonido de nuestros pasos. Ya se escucha el rasgueo de guitarra del reloj de la plaza. Ya hemos llegado.

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Gracias a Fernando Hidalgo, Pedro Pérez y Eva Puche por su ayuda y por disfrutar con nosotros. Y a Lerner y Tonucci por enseñar.

 Un buen amigo nos dice que le gusta lo que hacemos en La casa de Tomasa porque es exportable, porque lo puede volver a hacer con sus hijos cuando quiere. Por supuesto, nos encanta. Quizás de todos los talleres que hemos propuesto, éste sea el más “exportable”. Solo hace falta una ciudad que pasear, la sensibilidad para escuchar aquello a lo que no prestamos atención normalmente y gozar con cada paso que damos, dejándonos emocionar con los sonidos de la ciudad.