Arquitectura e infancia

Las Formas en el Parque de las Ciencias. Laboratorio experimental para personas de 1 a 3 años.

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El pasado sábado, 7 de febrero, celebramos en el Parque de las Ciencias Andalucía de Granada, un taller experimental y sensorial de Arquitectura para niños y niñas de 1 a 3 años, acompañados de sus padres y madres, relacionado con las formas.

Debemos reconocer que antes del comienzo estábamos realmente emocionados. Esto es debido a la edad de los participantes y el respeto que nos merecen las personas de esa edad y, por otro lado, estaba la responsabilidad de corresponder a la confianza depositada en nosotros por los responsables de Educación del parque. Es la primera vez que se hacía una actividad de estas características en el parque para gente tan pequeña, y es una gran responsabilidad para nosotros. Admiramos el trabajo del departamento de Educación y no queríamos defraudarles.

Al dar la bienvenida a las familias, les repetimos que nosotros pensamos que todos los niños son creativos e inteligentes. Todos. En eso nos basamos para desarrollar nuestras propuestas. Pero, esta vez, además, pensábamos la enorme capacidad de los chicos y chicas de esta edad de descubrir el mundo a través de los sentidos. Les propusimos y taller experimental y sensorial. Durante treinta minutos ellos iban a escuchar música, ver imágenes relacionadas con las formas, tocar elementos de diferentes texturas y experimentar la sensación producida por distintos espacios asociados a determinadas formas geométricas. Todo esto debían hacerlo con total libertad, con la única condición de no molestar al de al lado. Aconsejamos a los mayores acompañar y no dirigir, observar y disfrutar.

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Nuestra propuesta ya la habíamos llevado a cabo en dos ocasiones: Una vez en la escuela infantil Giner de los Ríos, en Córdoba, en aulas con niños y niñas solos con sus educadoras y otra vez en “Esta por mamá”, con menores acompañados de sus madres (porque solo fueron madres).

Los asistentes entran en una sala enmoquetada, donde hay dispuestos una casa de cartón, dos tipis rudimentarios y una tienda de campaña con forma de iglú. Con estas estructuras pretendemos que experimenten las sensaciones que producen lo espacios que delimitan formas cuadradas, triangulares y esféricas.

En el suelo, repartidas aleatoriamente, hay pelotas de varios tamaños y texturas, pequeñas pirámides de distintos materiales y esponjas cuadradas. Queremos que las toquen y con el tacto, se acerquen a estas formas elementales.

Sobre la pantalla, enorme, situada al fondo de la sala, proyectamos un montaje audiovisual, realizado con imágenes de objetos en movimiento, fotografías de construcciones tomadas por La casa de Tomasa e ilustraciones de libros que tienen que ver con el tema del taller. Con las fotos, los niños y niñas ven edificios con formas similares a las estructuras que tienen delante en ciudades tan distintas cómo Valencia, París, Florencia, Córdoba, Berlín, Lisboa o Gurabo. Las ilstraciones muestran el trabajo de Deneux, Pacovska, Geis, Noel Daniel y Capdevilla y Olaberri.

La música que acompaña la proyección pretende también trasladar sensaciones asociadas a las formas: música con aristas, acogedora, envolvente, abierta, recogida… (Hisaishi, Tchaikovsky, Handel, Cirque du soleil, Mozart y The Beatles).

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Esa es nuestra propuesta: Que los niños y niñas disfruten de una experiencia sensorial utilizando la vista, el oído, el tacto y la sensación espacial, aprovechando los estímulos a su alcance.

A pesar de la disposición de las estructuras y elementos por la sala, repartidos de forma aleatoria, las familias se colocaron en posición de ver la proyección. Después de unos minutos en los que todos nos adaptamos al nuevo espacio, las luces se apagaron y empezaron las imágenes y la música. La potencia de la pantalla (con las fotografías y el sonido), único foco de luz en la sala oscura y, creemos, la costumbre de participar como espectadores en los espectáculos a los que asistimos, hacen que, al principio, todos estemos pendientes casi exclusivamente de la pantalla, obviando los objetos que nos rodean. Con el paso del tiempo, algunos niños empiezan a coger juguetes del suelo, alguna niña entra en la casa de cartón y un padre mete la cabeza en uno de los tipis… Todavía hay padres y niños que no se mueven. Algunas madres tienen tomadas a sus hijas sobre sus piernas, tan a gusto. Es lo que tiene la libertad, que cada uno hace lo que quiere.

Carmen, de La casa de Tomasa, que es una experta y comprende y respeta perfectamente el ritmo de los niños y las niñas, los observa con una sonrisa. También es cómplice de los padres y madres que, sentados cómodamente en la moqueta, miran a sus hijos sin hacer nada, sólo disfrutan tranquilos, que no es poco.

Emilio, también de La casa de Tomasa, que es más impaciente y entiende menos, se mueve nerviosillo, impaciente por que todos experimenten la magia de los espacios, que descubran las distintas texturas que se les ofrece o que vayan de un sitio a otro tocando y mirando. Mueve alguna estructura de sitio, desplaza alguna pelota para provocar alguna reacción, pero… ¿para qué?. La propuesta está hecha, el espacio es inmejorable, la temperatura es agradable y los padres y madres están relajados, tranquilos y sonriendo. Las niñas y niños,poco a poco, según su necesidad, su curiosidad o sus ganas de aventura, van visitando una u otra estructura, interactuando o no con los otros, se separan de los padres o permanecen recogidos junto a ellos.

Nos encanta este taller.

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Cuando acaba la proyección con los Beatles cantando que “todo lo que necesitas es amor”, todos se quedan con ganas de más. Los responsables del parque, generosos, nos permiten otra proyección más, esta vez con las luces encendidas intentado restar protagonismo a la pantalla y dárselo a los objetos.

Entre ambas sesiones tenemos una pequeña asamblea con los mayores para conocer sus impresiones. La nuestra es que están tranquilos, relajados y disfrutando.

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En un taller con un objetivo tan intangible como favorecer la relación con las formas a través de los sentidos, nuestra evaluación u análisis se basan en sensaciones y percepciones subjetivas.

La primera sensación, mientras recogemos el material, es felicidad: todos los padres y madres han salido agradecidos y sorprendidos.

El siguiente sentimiento es de agradecimiento y de reconocimiento de la valentía demostrada por el departamento de Educación del Parque de las Ciencias de Granada. Han sido valientes y arriesgados por proponer un espacio para pequeños de esta edad (de 1 a 3 años) sin que consista en meterlos en un corral ni ponerlos en fila india para pintarles las caras. Unir las propuestas de libertad, de descubrir el entorno, de estimular sensorialmente, sin dirigir ni manipular, y hacerlo a familias y a peques de esa edad es arriesgado, valiente y admirable, a la vez que necesario.

Coincidimos con ellos en la necesidad de dotar a las familias que visitan el parque, de un espacio donde disfrutar con sus hijos e hijas de esta edad, sin necesidad de estructuras ni elementos sofisticados;sólo utilizando su capacidad para descubrir el mundo a través de los sentidos, el juego y la curiosidad.

Terminamos, cómo siempre, agradecidos a las personas que trabajan en el Parque de las Ciencias. Siempre nos sentimos respetados, queridos, acogidos y apoyados en todas las propuestas por arriesgadas que sean. También nuestra admiración y nuestro afecto hacia ellos no paran de crecer.

Y, por supuesto, agradecidos a los padres y madres que confían en nosotros para gastar una tarde con las personas que más les importan.

Ciudades de papel

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Con motivo de la Semana de la Arquitectura en octubre de 2014, la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, organizó la exposición Arquitecturas de Papel, en el antiguo convento de Ntra. Sra. de los Reyes, en Sevilla.

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Con sorpresa recibimos una llamada en la que nos informaban que habían pensado dar cabida a la infancia en la exposición y que para ello habían pensado en hacer talleres de arquitectura para algunos colegios. Genial. Parece que esto de la arquitectura y la infancia va calando y es un alegrón que les hagan un hueco a los niños en un acontecimiento como este. La segunda alegría es que pensaron en nosotros para hacer estos talleres. Pensaron en Cuartocreciente o nosotros y entre todos vimos, que era mejor Cuartocreciente y nosotros. Mejor sumar que dividir.

Cuartocreciente es una iniciativa de cuatro arquitectas formadas en la Universidad de Sevilla que se reunieron con el objetivo de realizar un proyecto de arquitectura para la infancia, para mejorar y cualificar los espacios destinados ellos en la casa, en la escuela y en la ciudad. Esto lo hacen a través de la investigación, talleres, proyectos y el diseño y la ilustración.

Nos conocimos en el congreso Docomomo de Málaga y desde entonces no hemos perdido el contacto. Nos gusta la meticulosidad con la que preparan sus trabajos, el tiempo que dedican al estudio y el buen gusto que tienen a la hora de presentar el resultado de sus talleres.

Jorge Raedo dice que cada uno entiende la arquitectura de una manera y así la difunde o la enseña. La experiencia de trabajar en equipo con otro equipo no es fácil, pero se consigue con talento y con trabajo. En La casa de Tomasa estamos muy satisfechos del resultado de la unión de ambas partes. Todas las reuniones, físicas o virtuales, han sido provechosas y positivas. Cuando todos estamos de acuerdo, es muy gratificante ser valorado o apreciar las ideas de los otros. Cuando el resto del equipo no ve tu propuesta, es un ejercicio interesante esforzarse en razonar y defender tus argumentos. Unas veces consigues que los otros acepten tus razones y otras, tu comprendes la posición de la otra persona y reconoces que es más interesante que la tuya. Ha sido divertido.

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Este es el taller que han diseñado y realizado Cuartocreciente y La casa de Tomasa visto desde La Casa de Tomasa:

Fecha: Jueves 9, 16, 23 y 30 de octubre.

Lugar: Antiguo convento de Ntra. Sra. de los Reyes. Sevilla.

Destinatarios: Dos clases de tercero de primaria del colegio Huerta de Santa Marina y dos clases de cuarto de primaria del colegio Sor Ángela de la Cruz, ambos de Sevilla.

El taller comienza recibiendo y dando la bienvenida a los asistentes. Nos alegra mucho verlos y queremos que lo sepan.

Los reunimos en asamblea, haciendo un círculo, se presentan y nos presentamos (seguimos con la idea de que la relación con el entorno empieza con la persona que tienes al lado). Les contamos lo que vamos a hacer durante la mañana y empezamos a jugar.

Los niños y las niñas son inteligentes e imaginativos y así se lo decimos. Eso es todo lo que necesitan para el juego que les proponemos: mentalmente van a ir recorriendo espacios, sensaciones y emociones que les iremos narrando en una historia y que podrán expresar con el cuerpo. En este recorrido pasarán del sueño a la acción, de amplias avenidas a callejas estrechas, del frio al calor, de los espacios angostos a los abiertos, de la tristeza al enfado y luego a la alegría y la sorpresa. Subirán escaleras y bajaran toboganes hasta camas elásticas, para acabar volando hasta el lugar del mundo que más les guste, acompañados de la persona que más quieren.

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Antes de entrar en la exposición, les contamos dónde se encuentran: Es el antiguo convento de Nuestra Señora de los Reyes. Como escribe Chiara Sassu en La Ciudad Viva (http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=23462): “Una necrópolis romana, un barrio almohade, un palacete bajo medieval, las casas de un converso, un palacio renacentista, un hortus amenus, un rincón colombino relicto, una cárcel de la inquisición, un bastión de la contrarreforma, un convento de monjas descalzas, un poeta del Siglo de oro, una venerable Madre, varios almirantes, un claustro mudéjar y renacentista, el manierismo barroco de un sólido arquitecto diocesano del siglo XVIII… el solar del antiguo convento de Nuestra Señora de los Reyes es una página maestra, moribunda y en parte desconocida de la historia de Sevilla.”

Creemos que es importante que los chicos se den cuenta de que el lugar que ellos pisan ahora con sus botas y sus zapatillas de deporte fue antes paseado por romanos, árabes, presos o religiosas y que el espacio que alberga la exposición fue la capilla de un convento, con su altar mayor y su coro y ahora es un edificio civil destinado a divulgar la arquitectura.

Los alumnos vienen a un taller de arquitectura para niños, pero como este se realiza en el marco de una exposición de libros, ellos también tienen derecho a disfrutar de la misma. Seguro que no lo harán de la misma manera que un profesor de historia de la arquitectura, ni de un alumno de cuarto de carrera o que un editor pero, ¿por qué negarles la posibilidad de ver libros y guías de arquitectura tan interesantes como los expuestos?. Los tocan, los miran, acarician sus portadas, se ríen con los nombres de los autores y, cada uno a su manera, fijan su atención en lo que quieren. Esto lo hacen de manera educada y ordenada. Ellos saben dónde están y así se comportan.

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El recorrido por la sala termina en una cuadricula dibujada en el suelo, alrededor de la cual todos se sientan para hacer la siguiente actividad.

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En medio del circulo que forman los niños y niñas, hay un damero de siete cuadrículas por cuatro. En un lado de la sala se han dispuesto tres montones de cartulinas de colores: Las cartulinas rojas representan edificios privados (piso, casa, bloque, apartamento, casa de mi abuela…), las cartulinas grises identifican edificios públicos (colegio, mercado, polideportivo, estadio de fútbol, ayuntamiento…) y las blancas son espacios libres públicos (jardines, plazas, parques, calles…).

La propuesta es hacer entre todos el plano de nuestra ciudad. En este plano se podrá ver dónde nos gusta estar a cada uno. Cada persona pensará en que lugar es el que más le gusta estar y lo que hace cuando está allí. Según su elección cogerá una cartulina de un color que represente ese lugar y la colocará en la cuadricula que prefiera. Así, uno por uno, nos van contando dónde les gusta estar y hacer dentro de la ciudad. Todos compartimos y todos escuchamos. 25 niños y niñas con sus “seños” hablando de ciudad, de espacio privado, de espacio público, de uso y disfrute de ese espacio, de cómo viven ellos la ciudad… ¿no les parece alucinante?.

Cada clase diseñará su plano de la ciudad y nosotros podremos ver cómo la viven los niños. Una clase resultó ser más casera que las otras, otra prefería más la calle, en otra predominan los que prefieren espacios públicos… a la mayoría les gusta estar y hacer cosas con otros.

Las acciones que más les gusta hacer son recogidas y plasmadas en un panel colocado en una pared de la sala. Esto ayudará a los visitantes a entender el plano.

Luego, “la adivina de los planos” interpretará lo que han hecho entre todos, para que podamos comprender mejor el trabajo realizado y lo que nos puede enseñar.

También queremos que los niños piensen que la ciudad no es solo el suelo que pisan, que no viven en un plano en dos dimensiones, que si elevan la mirada también ven la ciudad. Queremos que perciban la importancia del alzado. Así que, ¡a construir!.

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Para ello les ofrecemos un conjunto de materiales a cada uno, para todos el mismo, compuesto de cartulina, un folio con ventanas impresas, trozos de cartulina de otro color más pequeños, y papel de periódico. Con esos elementos, tijeras, pegamento y con su creatividad, imaginación y habilidad manual crearán el alzado que ellos quieran para la ciudad que construimos entre todos. Colgaremos estos alzados y veremos el perfil de nuestra ciudad.

Así como el plano es diferente para cada clase y al principio de cada taller vuelve a estar en blanco, la ciudad vertical irá creciendo con la aportación de cada clase. Todas las ciudades crecen y se transforman con las aportaciones de cada uno de nosotros y la nuestra también.

Vuelve a ser mágico el momento en el que todos se concentran en su trabajo y recortan, pegan, quitan, ponen y terminan su obra.

Después de un merecido descanso, los chicos y chicas verán el resultado de su trabajo: una ciudad construida entre todos. Esta visita la harán mientras escuchan los sonidos de una ciudad imaginaria desde que despierta hasta que vuelve al descanso de la noche.

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Terminamos reconociendo el trabajo bien hecho y nos damos mutuamente las gracias.

Un placer trabajar con Cuartocreciente y hacerlo en este antiguo convento. Seguimos.

Agradecemos el trabajo de Reyes Gallegos, Directora del proyecto “La ciudad Viva” y la atención de Gaia Raedi, Directora General de Rehabilitación y Arquitectura, ambas de la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía.

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IzHITAKU. Z, Jornadas de arte contemporáneo en Montalbán de Córdoba.

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Izhitaku: Milenaria técnica japonesa para extraer el alma del mobiliario urbano y plasmar su presencia o su ausencia, concretamente del recinto ferial de Montalbán.

Izhitaku es una palabra compuesta de Ishi (piedra en japonés) y Taku (frotar), adaptada a la fonética propia del lugar dónde se realiza la técnica. Montalbán es el único municipio de la provincia de Córdoba donde se zezea y no se sesea como en el resto de la provincia. Este fenómeno se puede achacar a fenómenos migratorios ó a una marcada autoafirmación de identidad local. Ishitaku en Montalbán es Izhitaku.

Este verano tuvimos la suerte de encontrarnos con una exposición en el museo marítimo de Barcelona. “Gyotaku: capturar l’ànima dels peixos” es una exposición que muestra un atlas de huellas de peces realizados entre los años 2011 y 2014 por la artista Victòria Rabal, con la técnica japonesa del gyotaku – impresiones realizadas con tinta china sobre papel japonés-.

La exposición está formada por más de 150 dibujos de más de setenta especies diferentes de peces y moluscos. Durante esos años, Victòria Rabal visitó de madrugada el mercado Central del Pescado de Barcelona donde seleccionaba e imprimía los peces de diferentes especies que se comercializan allí. Además, también se encuentran en la muestra dibujos hechos en mercados de otras ciudades, como Catania, Baton Rouge, México, Rosario…

La palabra gyotaku está formada por “gyo” pez y “taku” frotar, y se puede traducir como “impresión de peces”. El gyotaku nació en Japón hacia el año 1800, y se utilizaba entre los pescadores para recordar sus capturas. La técnica tomó fuerza en los mercados donde se imprimían los pescados que se ponían a la venta, indicando la especie, peso, precio y la fecha de captura. A medida que la venta avanzaba, se retiraban las impresiones.

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O sea, de gyotaku viene ishitaku y de ahí iZhitaku.

Los organizadores de Z. Didáctica y Destructiva, tuvieron la deferencia de invitar a La casa de Tomasa a las jornadas de arte contemporáneo de este año en Montalbán. Estaban interesados en que nos encargáramos de un taller infantil.

Durante los días 26, 27 y 28 de septiembre se han sucedido unas trece actividades en las que han participado una treintena de artistas nacionales, convirtiendo a Montalbán de Córdoba en un enorme laboratorio de acción y reflexión en torno al arte contemporáneo.

Pensamos que el sábado por la mañana sería el mejor momento y el lugar elegido fue la explanada del recinto ferial coincidiendo con el mercadillo.

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Disfrutamos mucho preparando el taller, como siempre. Pensamos en ir reuniendo un grupo de niños y niñas y así, en asamblea, hablarles un poco de lo eran las jornadas de Z y lo que hacíamos en La casa de Tomasa. Luego los íbamos a poner a jugar para empezar a relacionarse con el entorno empezando por las personas que tenían al lado y después del juego,ya divertidos y relajados, empezar a preguntarles para que, a través de sus respuestas, se dieran cuenta de dónde estaban, de los distintos usos que se da a ese lugar a lo largo del día, de la semana e incluso de las estaciones. Pensábamos seguir aprovechando su curiosidad y su capacidad de observación para que reconocieran los distintos elementos del espacio público… ¡Que taller tan bonito nos estaba quedando!

Después del análisis urbanístico todos nos pondríamos a jugar a Izhitaku: nos quedaríamos con el alma de las cosas y luego las tenderíamos como ropa limpia en una mañana de sol para que la acariciara la brisa. Todo el mundo que viese nuestra obra tendida podría ver el recinto ferial. Suponíamos que los niños alucinarían con la historia de los pescadores japoneses… Grabaríamos en un papel la forma de las cosas, su alma y su ausencia.¡Vaya lujo de taller!.

Por supuesto lo mejor estaba por llegar. Como siempre, cuando llenas la actividad con niños y niñas todo adquiere tintes mágicos y emocionantes.

Rafa y Demetrio, los organizadores de Z, dispusieron una puerta a modo de mesa, donde organizamos los materiales, en el mercadillo. La mañana era preciosa después de una noche de lluvia y La casa de Tomasa estaba en un mercadillo rivalizando con las “chuches”, los “gusanitos”, las barras de labios de “las traigo a euro” y unas rebequitas monísimas. Lo mejor de todo es que María Morilla iba a hacer las fotos y siempre es un placer estar con ella. María es una artista autodidacta, vitalista, alegre y activa. La admiramos y la queremos a partes iguales.

Pues eso, que los abuelos se iban acercando con los nietos para comprar lo que fuera, las mamás se acercaban con los bebés para asomarse a ver que vendíamos… y la idea de la asamblea de análisis urbanístico se iba desvaneciendo. Así que, empezamos el taller niño por niño según se iban acercando. Repartimos papel y ceras y explicamos la técnica a todos cuantos venían. En cuanto la zona se lleno de criaturas extrayendo el alma de las cosas, empezaron a acudir más y más niños y niñas.

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Nos acordamos de Xosé M. Rosales cuando dice que la mejor manera de conocer un lugar es vivirlo y disfrutarlo para lo que fue creado. ¿Que mejor manera de comprender el espacio público que vivirlo y utilizarlo para jugar ó para crear?. Los niños y niñas no estaban entendiendo el espacio público, lo estaban utilizando, lo estaban viviendo, que para eso está. A ningún niño hay que explicarle para que sirve el patio de un colegio, pues igual pasó esta mañana.

Mientras coloreaban y descubrían las diferentes texturas les íbamos explicando lo que estaban haciendo y su sentido.

Cuando tuvimos obras suficientes, montamos el tendedero entre unos árboles de la plaza y empezamos a tender la obra. Es maravilloso el efecto de los papeles pintados de colores, moviéndose con el viento, iluminados por el sol. Este efecto aumenta con la admiración de los padres y madres al disfrutar del trabajo de sus hijos y la alegría de los niños y niñas al ver el resultado de lo que han hecho.

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Mientras recogíamos el material mirábamos los folios de papel tendidos al sol, mientras los niños corrían debajo y los mayores charlaban rodeando el tendedero. Terminamos convencidos de que los asistentes al taller habían disfrutado y entendido el espacio público, que conocieron y registraron la fisionomía y la textura de los elementos de este espacio y que con su imaginación, sus inteligencias y su trabajo consiguieron un resultado artístico y práctico. Por sus caras y sus expresiones sabemos que disfrutaron. ¡Vaya taller bonito!, ¡vaya lujo de mañana!

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Muy agradecidos a la organización de Z. Jornadas de arte contemporáneo por su amable invitación. Nos veremos pronto por la campiña cordobesa. Seguro.